Me levanté a las 8.30, desayuné con los otros dos bicigrinos que venían de Valencia que me preguntaron cómo llegar al camino, revisé la ruta en mi navegador y al final preparamos juntos los bártulos y partimos desde el albergue hasta el camino, en las afueras de Toledo cerca de la carretera de Ávila.

 

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Vista de la calle del Albergue en Toledo.

 

La salida de Toledo fue trepidante, sintiendo la frescura de la mañana,  bajando por la calle Armas desde la plaza de Zocodover, pasando por la puerta de Bisagra, adva Reconquista, adva Barber para llegar al camino, al final decidí tomar el camino del Sureste con ellos y los acompañé hasta el pueblo de Huecas, luego seguí hasta el pueblo de Novés, punto donde había quedado con mi compañero de fatigas, tomamos el camino pero al final dimos una vuelta considerable porque el camino estaba  cortado ya que habían demolido un puente y tuvimos que volver atrás.

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Referencia al camino en Novés

Por fin  llegamos a Maqueda por Val de Santo Domino, pueblo desde donde seguí el camino de Levante que tiene un trazado parecido al del Sureste, ya que se encuentran y se separan hasta pasado Medina del Campo, el del Sureste irá por Tordesillas y el de Levante irá por la villa de Toro.

 

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Castillo de Maqueda

Seguimos el camino hasta Escalona sin incidencias, camino que va en paralelo a la carretera Avila-Toledo, el calor hoy empezaba a apretar.

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En Escalona paramos en una gasolinera a Comer sobre la 1 de la tarde para llegar lo antes posible a Cebreros, pueblo del fin de la etapa donde teniamos reservado el albergue.

Proseguimos la etapa y nos encontramos con un bicigrino de más de 50 años,  que iba en sentido contrario, y nos dice bomba!, bomba!, y pensé ¿qué dice este tío?, y nos aclaró “que he pinchado que si me dejáis un bombín para dar aire!”, le preguntamos que adonde iba y nos dijo que estaba haciendo en anti-camino, que venía de Santiago y que iba para no sé que pueblo de Levante, dio aire a su bici y nos despedimos. En ese momento no iba mal pero este tipo iba muy desahogado para la edad que tenía, luego más adelante entendí el porqué, después de un rato pedaleando llegamos a Almorox como a las 2 y media de la tarde y a partir de este pueblo el camino pica para arriba  y la fuerzas comenzaban a irse mermando, seguimos pedaleando y me ocurrió la primera incidencia del camino, bueno  las 2 primeras, porque pinché la rueda trasera y se puso a llover, una tormenta local de verano pero que si no fuese por el chubasquero me hubiese calado hasta arriba, afortunadamente como tenía líquido antipichazos en la rueda que había pinchado,  simplemente con darla aire 2 veces el líquido selló el pinchazo y pude proseguir.

A partir de Almorox el paisaje empieza a cambiar, más vegetación y como skyline se ve a lo lejos el sistema Central, concretamente Peñalara, hay muchos pinares, paisaje diferente mucho más rico en vegetación al paisaje árido que tenía lo que había recorrido.

Las fuerzas empezaron a flaquear y el camino hasta San Martín de Valdeiglesias (Madrid) estaba siendo duro,  tanto que decidimos acortar la etapa unos 17 km para quedarnos en San Martín y hacer noche.

San Martín no tiene actualmente albergue de peregrinos así que nos pusimos a buscar un hotel, hostal o casa rural, mi compañero encontró una habitación en un hostal y después de 3 llamadas conseguí contactar con el Hotel Rural casa de 1770, pero me dijo en principio que no tenía habitaciones libres, pero al contarle si me podía ayudar a encontrar un sitio para dormir porque era peregrino y acababa de llegar me dijo después de hablar con un empleado del hotel, ¡ah!, que sí, que si tengo una habitación.

Por un momento había pensado que no conseguiríamos alojamiento y que tendríamos que proseguir pedaleando hasta Cebreros donde sí teníamos reserva, pero yo particularmente no tenía fuerzas para seguir pedaleando con el camino picando hacía arriba.

Seguí las indicaciones que me dió en encargado del hotel y llegué al hotel, me selló la credencial y me dijo que la habitación por ser peregrino tenía un precio especial de 25€,  genial le dije, volví a sentir otra vez el espíritu del camino.

Las sensaciones al llegar a la habitación y tumbarme después de haber dormido la noche anterior en el albergue son indescriptibles, deshice las alforjas y quedé con mi compañero, pero estábamos tan cansados que fuimos a una tienda a comprar algo para cenar, dimos una vuelta por el centro y volvimos a nuestros respectivos hoteles a descansar, caí roto.

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