Hoy se ha levantado un día plomizo en Orense, amenaza lluvia a partir de las 12.00, así que hay que apresurarse para llegar a Santiago lo antes posible y evitar las tormentas que están previstas para la tarde, sobre todo en la zona del interior de Galicia, afortunadamente la probabilidad de lluvias desciende cuando más cerca se esté de Santiago, así que “¡vamos que es tarea!”.

Esta última etapa es una de las largas del camino y tiene el mayor desnivel acumulado, 1.600 metros, que son demasiados para una etapa teóricamente sin puertos,  sólo algún “alto”, al final de la etapa entendí el porqué tenía tanto desnivel acumulado, así que me dispongo a partir desde el puente romano siguiendo las conchas que están en las aceras y que marcan el camino.

La salida de Ourense se hace por el Camiño Real, que será el tramo del camino con mayor pendiente y dureza de todo el camino, con rampas de más de un 20% de desnivel,  con el handicap de ser parte del firme una calzada romana, con piedras redondeadas que junto con la humedad que hay en el ambiente hace que la ascensión sea muy complicada (las ruedas no se agarran bien al firme), así que ciclé por tramos y empujé otras veces la bici para ascender el camino. Para los que vayáis a hacer este camino  existe otra alternativa por asfalto, conocida como la Costiña de Canedo, que es más ciclable,  pero decidí seguir el trazado original por el camino real.

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Al final de la cuesta se puede disfrutar de la vista de Ourense desde el cerro.

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Seguimos el camino real, dirección Cea como pueblo más importante  y famoso por su pan (el mejor pan del mundo), pero que por la cantidad de kilómetros de esta última etapa decidimos sólo parar a tomar un bocado, pero no visitamos su centro histórico,  sin embargo disfrutamos de la belleza natural de las aldeas y bosques gallegos, con sus puentes romanos y temidas corredoiras (caminos empedrados en los bosques), complicadas de ciclar.

 

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Debido a la dificultad para ciclar estos caminos, después de salir de Cea, decidimos optar por seguir por caminos asfaltados  y tramos de la carretera N-525 que al ir paralelo a la autovía no tiene tráfico, era la única forma de poder llegar a Santiago por la tarde, todo eso sin dejar de pasar por los pueblos del camino.

Nuestro próximo destino es Castro Dozón, el camino sigue picando para arriba desde la salida de Ourense y aunque oficialmente no hay ningún puerto de relevancia, para mí personalmente ha sido el tramo del camino más duro, concretamente desde Ourense hasta el Alto de San Martiño que “sólo” tiene 818 metros, pero teniendo en cuenta que habíamos partido de 100 y pico metros de altitud desde Ourense, hace que la diferencia de altitud sea de cerca de 600 metros, que es un desnivel importante,  además después de este alto nos encontramos con otro alto llamado el Alto de Santo Domingo,afortunadamente a partir de este punto,  antes de llegar a Lalín,  el camino se hace más llevadero, porque aunque no hay llanuras y es un constante sube y baja rompepiernas, pero se baja más que se sube hasta llegar a Santiago.

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La belleza de los bosques que atravesamos nos da energía para seguir ciclando hasta completar los 108 km de esta etapa.

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A partir del Alto de Santo Domingo, alternamos bajadas trepidantes con tramos de subida, las llanuras brillan por su ausencia, es un auténtico rompepiernas.

Por fin llegamos a Lalín y paramos a comer, Lalín es un pueblo grande, y no es comparable a las aldeas gallegas que hemos atravesado, así que comemos y proseguimos nuestro camino, pasando por el pueblo de Silleda con multitud de industrias y negocios, parece que el encanto del camino se pierde un poco, por pasar por estas “grandes” urbes, así que nos apresuramos más en llegar que en disfrutar del entorno, ya queda poco y tenemos ansiedad por llegar.

La bajada hasta Ponte Ulla es digna de disfrutar y las vistas desde el puente  del río no nos dejan indiferente.

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A partir de este lugar nos queda una interminable subida hasta Santiago de 16 km, que no destaca por su pendiente pero sí por su longitud, al final de la etapa después de haber realizado más de 90 km.

Pero al final llegamos a Santiago.

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Y por último atravesamos el casco y llegamos a la plaza de Obradoiro, el destino final de la aventura.

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Las emociones y sensaciones son difíciles de explicar, después de haber partido desde mi pueblo natal,  Consuegra, habiendo completado más de 800 km,  habiendo atravesado 8 provincias, ciudades tan bonitas como Toledo, Ávila, Arévalo, Castronuño, Medina del Campo, Toro, Zamora, Tábara,  Puebla de Sanabria, Lubian y Ourense entre muchas otras, desde la Mancha árida, pasando los Montes de Toledo, el Sistema Central, las llanuras de la meseta norte castellana, la ribera del Duero,  la baja Sanabria,  el macizo Galaico-Leonés, el parque natural de O Invernadeiro, la ribera del Miño, los bosques Pontevedreses,  hasta llegar al destino, Santiago de Compostela.

Pero en fin,  el reto espiritual, deportivo, turístico que me propuse allá por el año pasado está conseguido, esto me lo llevo como experiencia que recordaré toda mi vida y que recomiendo a todo el mundo que lo haga al menos una vez en la vida.

¡Ultreia y Buen Camino!

 

 

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